Archivo | 11 de marzo de 2012

La semilla del diablo, Roman Polanski

Película de Estados Unidos, del año 1968, dirigida por Roman Polański. Protagonizada por Mia FarrowJohn CassavetesRuth GordonSidney BlackmerMaurice EvansRalph Bellamy en los papeles principales. Basada en la novela de Ira Levin.

Rosemary, es una joven ama de casa, está casada con un actor. La pareja se instala en un apartamento de la célebre Casa Bramford, un antiguo edificio de apartamentos en ManhattanNueva York. El apartamento tiene una leyenda un tanto sórdida, debido a las siniestras reputaciones de algunos antiguos inquilinos.

Rosemary es una mujer joven y alegre, totalmente dedicada a su hogar y a su marido, con quien anhela tener un bebé. Guy, por su parte, desea alcanzar el estrellato. Por circunstancias accidentadas, los Woodhouse traban amistad con un matrimonio de edad avanzada, que vive en la misma planta del edificio, y se convierten en una especie de padres sustitutos del matrimonio. Al poco tiempo, Guy y Rosemary acuerdan tener el hijo tan deseado, y planean la fecha ideal para que ella quede embarazada. Una noche, Rosemary tiene alucinaciones y pesadillas, en las que es aparentemente violada por un ente no humano. Cuando despierta, Guy se disculpa por haberle hecho el amor mientras estaba inconsciente, y ella descubre que está embarazada. Poco a poco, el matrimonio mayor vecino, se va metiendo más en sus vidas. La mujer va cada día a llevarle un ungüento que debe tomar para su embarazo, hasta que poco a poco Rosemary se va dando cuenta que con esa bebida va teniendo complicaciones y dolores muy fuertes en su embarazo. El marido hace que se vaya separando de sus amigas y pierda todo contacto con ellas. La joven decide cambiar de ginecólogo, pero su marido no la deja. Descubre que hay especie de trama de médicos brujos que parecen estar unidos, y más bien “compinchados” y apropiarse del hijo que viene en camino. Cuando el niño nace, le hacen creen que nace muerto. Pero descubre algo detrás de un armario del apartamento, que le lleva a otra vivienda, donde están celebrando el nacimiento del niño, dándole como la bienvenida al “hijo del diablo”.

Es sospechoso el trato del marido con el matrimonio mayor. En un principio no quiere ir a cenar a su casa, y posteriormente se toman muchas confianzas para llevarlos a su apartamento con su esposa. Hasta tal punto que hace que su esposa y la señora se hagan amigas, pero Rosemary a través de libros y un juego de fichas va entiendo la situación y se va haciendo una idea acerca de la brujería.  El marido hace una especie de acuerdo, que consistiría en que si tiene fama y consigue papeles en su trabajo, cuando naciera el niño se lo regalaría, convirtiéndolo así en el hijo del diablo.

La música toma un papel importante a lo largo de la historia. Es inquietante en varias ocasiones, en los que realza el miedo de los momentos más dramáticos de la película. Se oyen sonidos fuera de campo, mientras Rosemary está en la habitación durmiendo con su esposo, sonidos que provienen o de un sueño o de que alguien está en el piso de arriba haciendo algún tipo de rito en grupo.

Visualmente, los planos son sobre todo medios y cortos. No abundan los planos generales, solo para situarnos en los ambientes. Los primeros planos, sobre todo para meternos en situaciones más personales e íntimas del personaje. Se utiliza el picado y el contrapicado para mostrarnos la grandeza o la infravaloración del personaje en cuestión. Hay momentos oníricos, como cuando muestra a Rosemary en el colchón flotando en el mar, cuando sueña que es violada por el diablo, cuando sueña con la monja, sueños grotescos relacionados con el diablo y la brujería.

En definitiva, una historia compleja, con momentos confusos y desconcertantes, en los que se van descubriendo cosas que permanecen ocultas a los ojos de Rosemary. Sonidos que nos ponen la piel de gallina. Es desagradable ver a un niño, mientras se celebra su nacimiento, en una cuna de color negro, todo adorándolo y un señor haciendo fotos, me parece algo grotesca la situación. Pero sobre todo, es una película con un miedo sutil propio de un director como Roman Polanski,

Camino, Javier Fesser

La historia está inspirada en hechos reales. Es una aventura emocional que gira en torno a Camino, encarnada por la actriz Nerea Camacho, una niña creyente años, que se enfrenta a dos acontecimientos nuevos para ella: enamorarse y morir.

Es la historia de los penosos últimos días de la niña Alexia González-Barros, que murió tras una larga enfermedad. La peculiaridad de la niña y su familia es que eran del Opus dei, facción integrista de la religión católica que ha tocado todas las cuerdas posibles con el fin de lograr su beatificación. La niña, animada por su familia y asesores religiosos,  aceptó su enfermedad, el dolor y el sufrimiento, y los consideró “una bendición” hasta el día de su muerte. La película plantea la existencia de momentos que la propaganda integrista católica no nos cuenta.

La película empieza con un flash-back que nos traslada a unos cinco meses antes, en él  que se nos narrarán todos los pormenores a los que tiene que hacer frente la joven, dulce e inocente, Camino. En algunos momentos realmente espléndida, en otros no tanto, pero que en conjunto hace un trabajo extraordinario, soportando el peso de un dramón de estas características con una fuerza y entereza sorprendente.

Nerea Camacho hace una estupenda y desgarradora interpretación, que puede partir el corazón en más de una ocasión a lo largo de la película. Se conjuga el amor a Dios y el amor de enamorarse de alguien. Carme Elías hace una interpretación tremendamente compleja y  dolorosa. El padre de la niña, se encuentra entre la espada a la pared, su hija y las creencias de su esposa, poniendo en entredicho en muchas ocasiones las creencias que defiende su esposa.

El desarrollo de la historia se aferra a un guión minuciosamente trabajado, con todos los ingredientes necesarios (personajes, tanto principales como secundarios, estereotipados, una puesta en escena realista y preciosista, unos emplazamientos y movimientos de cámara clasicistas, una música conmovedora, para transmitirnos la historia de la forma más emotiva posible. Es significativa la estructura circular de la película, que empieza con la secuencia de los últimos momentos de la vida de la niña Camino (el título de la película y de la niña hace referencia al libro escrito por José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei), y acaba casi con esa misma secuencia. Javier Fesser da especial importancia a los efectos visuales de la película, entre ellos  se encuentra el ratón de Camino, el ángel de la guardia, los maquillajes, los sueños, el maniquí para la operación, los fondos cromas, el tren, el castillo de Cenicienta, los quirófanos, los pájaros, las flores, los elementos arquitectónicos, la lluvia…

Pienso que la película es una muestra a que, aunque cada familia y cada persona pueda tener las creencias religiosas que desee, a veces debe cuestionarse  sus propias creencias cuando afecta de forma negativa a la propia vida de una niña.  Nadie es nadie para calificar a una madre de mala madre, pero en el caso de esta película, la madre sí actúa como una mala madre, por el trato que le tiene a su hija, por dejar que un sacerdote se meta de esa forma en la vida de su familia, quitando potestad al padre, por impedir que su hija se relacione y realice actividades con sus amigos y compañeros de clase. Le esta robando la infancia a su hija. La está educando con unos principios que aunque son religiosos pero no son morales ni éticos, porque va contra la vida. Le está inculcando el sufrimiento y el dolor como amor a Dios. Y uno no ama a Dios cuanto más sufre, si no cuanto más lo respeta. Si uno quiere sufrir para obtener la vida eterna que sufra uno mismo, pero no inculcar esos principios a una menor de edad, porque se le roba la inocencia y la niñez, y el ser humano no está echo para sufrir, si no para ser feliz. Si la vida nos da sufrimiento y dolor tenemos que sufrir, pero porque nos lo imponga la propia vida, no porque nosotros  lo busquemos de primera mano. En cuestiones religiosas debe ser uno el que escoja el camino por el que seguir, no el que nos impongan, porque no siempre el camino que nos imponen es el correcto. Lo importante es la ética y la moral, los principios religiosos están manipulados en muchas ocasiones y nos lo “venden” como fe, para tenernos engañados y ser conejillo de indias de las grandes sectas que hay alrededor del mundo y grupos de manipulación.

Definitivamente, es una película recomendable, no sólo para quienes pensamos que santificar el dolor y la injusticia, con la promesa de la espera de una “vida mejor después de la muerte si obedeces”, es una máxima más que ha utilizado la iglesia a lo largo de los siglos para conservar su poder bajo el pretexto de llamarlo “fe”. La misma excusa, disfrazada de justicia coránica, que utilizan los integristas islamofascistas en los países donde tienen el poder hoy en día para justificar crímenes abominables.

El cine de Robert Flaherty

El objetivo de Robert Flaherty era favorecer la comprensión entre los pueblos a través del cine. Entre algunas de sus producciones se encuentran: Moana (1926), Tabú (1931) junto a F.W.Murnau, Historia de Louisiana (1948).
Era partidario de la observación participante, por lo que decidió trasladarse al Ártico canadiense, donde se documentó e investigó acerca de la vida de los esquimales. Gran observador y admirador de las tribus aisladas de la sociedad.
Flaherty utilizaba el cine como medio para mostrar la realidad, lejos del espectáculo. No utilizó actores ya que, según su criterio, prefería a los propios habitantes, porque eran quienes mejor reflejaban su propia cotidianidad. Construyó sus películas bajo las premisas de belleza y verdad.
El documental del que vamos a hablar, Nanook, el esquimal, tuvo que ser rodado dos veces, ya que a causa de un accidente, los negativos se incendiaron. Algo que no afectó mucho a Flaherty, porque no estaba muy de acuerdo con la primera copia.
Esta producción contiene planos en los que busca la belleza. Los combina aportando a cada uno de ellos una función dentro de la obra. Los primeros planos de Nanook mirando a cámara pretenden una unión entre el protagonista y el espectador. A la vez, que se resalta el hecho de que el espectador está siendo observado y acompañado.
Flaherty utiliza las secuencias largas para generar en el espectador la impresión de que se está captando al individuo de forma directa sin que exista ningún tipo de manipulación.
Otra característica que llama la atención sus títulos, pequeñas explicaciones que son introducidas a lo largo del documental, ejerciendo una función de interacción con el espectador.
Como dijimos anteriormente, Flaherty busca la veracidad y la realidad. Sin embargo, su intervención en las localizaciones, hace que estas personas modifiquen su comportamiento habitual para dar vida a unos personajes que le interesaba representar.
Es un tema antropológico. Pretende reflejar un modo de vida diferente mediante la imagen del “hombre primitivo”. No pretende criticar este modo de vida, sino plasmarlo a través de una supuesta familia incivilizada.
Flaherty trabaja sobre un documental dramático. No es un documental de tipo explicativo, sino que hay un personaje que tiene un problema y la cámara lo sigue en su supervivencia.
Una reflexión de Flaherty:
“La finalidad del documental, tal como yo lo
entiendo, es representar la realidad bajo la forma
en que se vive […]. Una hábil selección, una
cuidadosa mezcla de luz y de sombra, de
situaciones dramáticas y cómicas, con una gradual
progresión de la acción de un extremo a otro, son
las características esenciales del documental,
como por otra parte pueden serlo de cualquier
forma de arte. Pero no son éstos los elementos que
distinguen al documental de las otras clases de
filmes; el punto de divergencia entre unos y otros
estriba en lo siguiente: el documental se rueda en
el mismo lugar que se quiere reproducir, con los
individuos del lugar. Así, cuando [el
documentalista] lleva a cabo la labor de
selección, la realiza sobre material documental,
persiguiendo el fin de narrar la verdad de la
forma más adecuada y no ya disimulándola tras un
velo de elegante ficción, y cuando, como
corresponde al ámbito de sus atribuciones, infunde
a la realidad un sentido dramático, dicho sentido
surge de la misma naturaleza y no únicamente del
cerebro de un novelista más o menos ingenioso”
(Robert J. Flaherty).

Finalmente, incluyo un pequeño vídeo con unas imágenes de su documental, y espero que os guste.