Camino, Javier Fesser

La historia está inspirada en hechos reales. Es una aventura emocional que gira en torno a Camino, encarnada por la actriz Nerea Camacho, una niña creyente años, que se enfrenta a dos acontecimientos nuevos para ella: enamorarse y morir.

Es la historia de los penosos últimos días de la niña Alexia González-Barros, que murió tras una larga enfermedad. La peculiaridad de la niña y su familia es que eran del Opus dei, facción integrista de la religión católica que ha tocado todas las cuerdas posibles con el fin de lograr su beatificación. La niña, animada por su familia y asesores religiosos,  aceptó su enfermedad, el dolor y el sufrimiento, y los consideró “una bendición” hasta el día de su muerte. La película plantea la existencia de momentos que la propaganda integrista católica no nos cuenta.

La película empieza con un flash-back que nos traslada a unos cinco meses antes, en él  que se nos narrarán todos los pormenores a los que tiene que hacer frente la joven, dulce e inocente, Camino. En algunos momentos realmente espléndida, en otros no tanto, pero que en conjunto hace un trabajo extraordinario, soportando el peso de un dramón de estas características con una fuerza y entereza sorprendente.

Nerea Camacho hace una estupenda y desgarradora interpretación, que puede partir el corazón en más de una ocasión a lo largo de la película. Se conjuga el amor a Dios y el amor de enamorarse de alguien. Carme Elías hace una interpretación tremendamente compleja y  dolorosa. El padre de la niña, se encuentra entre la espada a la pared, su hija y las creencias de su esposa, poniendo en entredicho en muchas ocasiones las creencias que defiende su esposa.

El desarrollo de la historia se aferra a un guión minuciosamente trabajado, con todos los ingredientes necesarios (personajes, tanto principales como secundarios, estereotipados, una puesta en escena realista y preciosista, unos emplazamientos y movimientos de cámara clasicistas, una música conmovedora, para transmitirnos la historia de la forma más emotiva posible. Es significativa la estructura circular de la película, que empieza con la secuencia de los últimos momentos de la vida de la niña Camino (el título de la película y de la niña hace referencia al libro escrito por José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei), y acaba casi con esa misma secuencia. Javier Fesser da especial importancia a los efectos visuales de la película, entre ellos  se encuentra el ratón de Camino, el ángel de la guardia, los maquillajes, los sueños, el maniquí para la operación, los fondos cromas, el tren, el castillo de Cenicienta, los quirófanos, los pájaros, las flores, los elementos arquitectónicos, la lluvia…

Pienso que la película es una muestra a que, aunque cada familia y cada persona pueda tener las creencias religiosas que desee, a veces debe cuestionarse  sus propias creencias cuando afecta de forma negativa a la propia vida de una niña.  Nadie es nadie para calificar a una madre de mala madre, pero en el caso de esta película, la madre sí actúa como una mala madre, por el trato que le tiene a su hija, por dejar que un sacerdote se meta de esa forma en la vida de su familia, quitando potestad al padre, por impedir que su hija se relacione y realice actividades con sus amigos y compañeros de clase. Le esta robando la infancia a su hija. La está educando con unos principios que aunque son religiosos pero no son morales ni éticos, porque va contra la vida. Le está inculcando el sufrimiento y el dolor como amor a Dios. Y uno no ama a Dios cuanto más sufre, si no cuanto más lo respeta. Si uno quiere sufrir para obtener la vida eterna que sufra uno mismo, pero no inculcar esos principios a una menor de edad, porque se le roba la inocencia y la niñez, y el ser humano no está echo para sufrir, si no para ser feliz. Si la vida nos da sufrimiento y dolor tenemos que sufrir, pero porque nos lo imponga la propia vida, no porque nosotros  lo busquemos de primera mano. En cuestiones religiosas debe ser uno el que escoja el camino por el que seguir, no el que nos impongan, porque no siempre el camino que nos imponen es el correcto. Lo importante es la ética y la moral, los principios religiosos están manipulados en muchas ocasiones y nos lo “venden” como fe, para tenernos engañados y ser conejillo de indias de las grandes sectas que hay alrededor del mundo y grupos de manipulación.

Definitivamente, es una película recomendable, no sólo para quienes pensamos que santificar el dolor y la injusticia, con la promesa de la espera de una “vida mejor después de la muerte si obedeces”, es una máxima más que ha utilizado la iglesia a lo largo de los siglos para conservar su poder bajo el pretexto de llamarlo “fe”. La misma excusa, disfrazada de justicia coránica, que utilizan los integristas islamofascistas en los países donde tienen el poder hoy en día para justificar crímenes abominables.

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