Pájaros de papel, Emilio Aragón.

Pájaros de papel es una película de Emilio Aragón. Aunque no es un clásico, pero es una película con una historia emotiva. Ganadora del Goya a la mejor dirección Nobel.

La historia nos recuerda a las primeras obras de Federico Fellini por ejemplo, en las que personajes pertenecen a compañías de artistas ambulantes.

François Truffaut escribió en mayo de 1957, que los jóvenes cineastas en un futuro se expresarían contando sus vivencias como si se tratase de diario íntimo y  que las películas en definitiva serían un acto de amor. Esto es lo que intenta Emilio Aragón con esta película, contarnos una historia cercana a nosotros, con la que sentirnos identificados, tal vez nosotros no, pero si nuestros padres y generaciones anteriores, que por desgracia les tocó vivir en esta época con todo lo que ello conllevaba.

El músico Jorge del Pino, el ventrílocuo Enrique Corgo, la cupletista Rocío Moliner y el pequeño huérfano Miguel, forman una familia de artistas dedicada al vodevil. Aunque les ha tocado vivir en una mala época, intenta pelear cada día contra cualquier miseria a base de golpe de risa. Tendrán que tomar decisiones importantes en sus vidas.

Se analiza, a veces con matices crueles e inmorales, los primeros años cuarenta, que tanto en esos años como a día de hoy en el poder, no quieren que olvidemos.  Los niños se ven inocentes frente a la cámara, frente al teniente falangista-franquista Quiroga, con una presencia agresiva y odiosa. Me ha resultado muy interesante la interpretación de Carmen Machi, acostumbrada a verla en Aída, a verla en esta película cantando pues es un cambio gigante.

Una película recomendable que nos muestra una época, unas circunstancias y  unas personas, que sin duda marcaron la historia de nuestro país a día de hoy. La única negativa es que hay demasiados personajes en la historia, algunos innecesarios para la resolución de los puntos de inflexión, y que se van perdiendo a lo largo de la historia. Los personajes en sus espectáculos parodian el estribillo de la canción “No se puede vivir con un Franco”.

También es verdad que el conjunto sufre un fuerte desequilibrio, sobre todo al final de la trama, cuando cuenta de forma apresurada el viaje de los protagonistas rumbo al exilio en Argentina. Es emocionante el final, en el que Miguel habla y cuenta  anécdotas ante el micrófono. La última secuencia, una de las más emocionantes, además de un sentido homenaje del cineasta a la figura de su padre, Emilio Aragón Bermúdez, el popular Miliki, y nos devuelve algo importante: la capacidad de soñar.

Mayoritariamente, vemos iluminaciones oscuras, acompañado de vestuarios sobre todo oscuros, por lo que da la sensación de película triste, dramática. Aunque vemos alguna que otra prenda en color rojo que contrasta con los tonos oscuros del resto del vestuario y la iluminación oscura de los escenarios. Estos tonos rojos, pueden ser códigos visuales que apelen a partidos políticos. Uno de los sitios en los que vemos algo de claridad es en el convento de las monjas donde se encuentra la madre del Miguel.  Planos sobre todo cortos y  medios, planos generales para los paisajes.

Una película necesaria para hacernos recapacitar, con paralelismos entre aquellos tiempos y la época en la que nos encontramos actualmente, en la que constantemente los grandes cargos del gobierno nos prohiben nuestra libertad de expresión e ignoran nuestros derechos fundamentales y universales como seres humanos.

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