Premios Goya 2015

La gala de los premios Goya de este año ha servido para hacer ver a mucha gente la calidad del cine español. No que antes haya sido más malo que ahora, o ahora sea más bueno que antes. Sino que, quien trabaja en él y lo vive con vocación, ha ido evolucionando y desarrollando nuevas temáticas, estilos y formas de hacer, giros, transformaciones. Y esas nuevas formas son las que atraen de nuevo al público a las salas, a pesar del elevado precio de las entradas, a causa de la subida del IVA.

Quienes pensaban que los actores y directores vivían de las subvenciones, se han llevado un golpe grande, porque la cruda realidad es, que, en más de una ocasión, se han tenido que endeudar para sacar proyectos adelante, emigrar a otros países para conseguir ventajas fiscales y ahorrar en gastos de producción, o bien, acercarse a las nuevas formas de financiación, como es el caso del crowdfunding. Aún así y con la crisis que ha llevado siempre a sus espaldas el cine español, por motivos de financiación, temas no tan “vendibles”… ,los cineastas no han perdido ni pierden la ilusión por apoyar la cultura,  eso que piensan algunos que es solo para los ricos, quienes solo pueden tener acceso.

Constantemente vemos historias creadas por españoles, que se presentan en diferentes festivales de cine  nacionales, como en Málaga, Sitges, San Sebastián, o bien internacionales, como Cannes o Berlín. Historias que, internacionalmente, sí son valoradas positivamente por el público. Un cine, a veces no valorado por España, por contener un sello personal de autor. Un estilo que, algunos de nuestros políticos no valoran ni aprecian, y califican simplemente como de poca calidad, como si una película fuese algo tan simple para describirla como buena o mala. Albergando multitud de matices psicológicos en la personalidad de los personajes, lejos de poderse comparar con muchas otras producciones, por ejemplo las americanas, que suelen llamar la atención simplemente por el personaje bueno o el malo.

Lejos de esa simple clasificación de buenos y malos, tenemos el ejemplo de los matices psicológicos y transformaciones en los personajes de Agustí Villaronga, Pedro Almodóvar, Álex de la Iglesia, Alejandro Amenábar, Manuel Gutiérrez Aragón, Eduardo Chapero-Jackson, Montxo Armendáriz…, las reflexiones de Isabel Coixet o Victor Erice, y otros muchos, veteranos y nuevos, como Daniel Monzón, Alberto Rodriguez, Emilio Martínez Lázaro, Carlos Iglesias…, que marcaron y siguen marcando la historia y el presente del cine español por su creatividad, vocación y capacidad de trabajo.

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