Ocho apellidos catalanes

Ocho apellidos catalanes es una película de Emilio Martínez Lázaro del año 2015 en la que vemos la obsesión de Rafa por las muchachas vascas. Entre tanto, recibe la visita del que iba a ser su suegro, padre de Amaia, para contarle la noticia que su hija va a casarse con un catalán, si antes no consiguen parar la boda. Así que, con este objetivo, ambos emprenden un viaje desde Sevilla hasta Cataluña, y llegan a una reunión que presenta el actual novio, que es artista.
Nos encontramos varios puntos de humor relacionados con los estereotipos de la figura de vasco, andaluz, catalán… Durante un par de días, conviven en la casa de la abuela, que cree la idea de que se va a celebrar la primera boda en una Cataluña independiente del resto de España. Un evento planteado para ser desarrollado con el soborno de algunos vecinos y funcionarios defensores de la patria. Quizás a algunos les parezca una producción un poco comercial, sin más que unas cuantas risas y un tema político actual, pero tenemos una película en la que evolucionan los personajes, como el padre de Amaia, la abuela de Pau, la propia Amaia…, así, no nos encontramos con personajes planos, sino redondos, y actúan de forma que no podemos predecir, porque su postura nos transmite otra forma de hacer las cosas.
Los personajes se tratan desde la mezcla de diferentes idiomas y dialectos, tanto el vasco, catalán, francés, inglés…, así, nos hace reflexionar sobre cómo son capaces de convivir con distintas culturas, ideologías, algo que en la vida real parece complicado como consecuencia de los odios, rencores, intereses personales y políticos, y cuesta llegar a un consenso social. No obstante, en esta ficción parecen entenderse a través del lenguaje del respeto, el cariño, el baile…, unido al amor, ese amor iluso y utópico, propio de las comedias americanas y que en la vida real parece tan difícil de lograr, pero que en esta producción nos atrae, por la posibilidad de sentirnos identificados con los personajes, cercanos a nuestros puntos de vista. Aunque, no se profundiza, al igual que en la vida real por parte de los medios de comunicación, sobre los motivos, del por qué esta autonomía plantea la independencia.
Finalmente, lo que destacaría de esta película es el momento en que la figura del andaluz y la vasca son cubiertos por una bandera catalana. Desde aquí, hasta el final hay una elipsis temporal de unos meses que deberán ver, así como reflexionar sobre lo que hay detrás de los estereotipos, los prejuicios, que nos transmiten ideas preconcebidas de algunos elementos de la realidad, que no nos dejan ver más allá ni ofrecernos la oportunidad de descubrirlos por nosotros mismos, sino que son manejados para moldear nuestra mente.

Desde el punto de vista del lenguaje audiovisual, me parecen muy interesantes las tomas debajo del paso de Semana Santa, que rompen la emoción de los presentes y la tranquilidad del protagonista, cuando es informado de la boda, así como la angulación cenital (desde arriba) de la escena que en Amaia y Rafa bailan en el salón de la casa de la abuela a oscuras.
Sin más, os adjunto el tráiler y espero que reflexionéis sobre la película, si podéis verla,  porque, aparte de un humor quizás fácil, tenemos muchas referencias a la anterior producción titulada Ocho apellidos vascos, como la llegada de Koldo a Andalucia (como antes su hija), el espectáculo violento que dio, motivo por el cual lo tienen que sacar… (forma de intertextualidad, según Gérard Genette)

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